martes, 20 de septiembre de 2011

lunes, 12 de septiembre de 2011

Festas do Povo: Campomayor, bajo un palio de flores


La calle. En ocasiones, al penetrar por las estrechas callejuelas empedradas de algunos pueblos, nos invade la sensación de estar profanando la privacidad de los vecinos, sensación que se acrecenta cuando la calle no tiene salida: la frontera entre espacio público y espacio privado se desvanece en la monotonía de la vida rural y a ello contribuye la participación de los lugareños en la calle, con actividades como su limpieza, tender la ropa, lavarla en las pilas que en ocasiones se encuentran fuera de la casa, adornar la calle con macetas, o sacar la silla para departir con los rayanos o simplemente para ver pasar el tiempo. Así nos sentimos en las calles de los pueblos del Alentejo que son ya zaguanes de las viviendas donde los visitantes se sienten obligados hacia los moradores convertidos en inesperados y humildes anfitriones.


La fiesta. Pero si algo trastoca e invierte los conceptos de lugar público/lugar privado, es la fiesta, que rompe con la cotidianidad durante el espacio de tiempo festivo. En el período festivo, la gente invade la calle, la privatiza, y lo que normalmente no está permitido hacer en un lugar público, se tolera y se festeja.


La fiesta en la calle. Campomayor celebra las Festas do Povo que no festejaban desde 2004. Y es que su realización sólo depende de la voluntad de sus gentes, aunque los pacenses, asiduos desde antaño de las fiestas rayanas, ya estábamos acostumbrados a que se celebraran cada cuatro años. Esperamos que no pasen otros siete hasta poder disfrutarlas de nuevo. Los vecinos cubren con un palio de flores sus calles que toman y hacen suyas, y en empinadas y estrechas callejuelas sacan sus sillas y tableros para compartir, en la calle, algo más que mesa y mantel, y es que la comensalidad es otra característica fundamental de la fiesta. Se privatiza la calle y sin embargo nunca sino en la fiesta ha estado más llena de público. Los visitantes abarrotan las calles de Campomayor que son recibidos bajo palio, con mucho afecto y la consideración tan propia del carácter luso; bajo un palio de coloridas flores de papel.

viernes, 26 de agosto de 2011

lunes, 22 de agosto de 2011

Jaszbereny: Csángó Festival

Los Csango son un grupo étnico de origen húngaro que a partir del siglo XIII se fueron asentando en la Moldavia rumana; Se trata de una de las más enigmáticas minorías de Europa -una reliquia de la Edad Media- que ha conservado métodos tradicionales de agricultura, creencias y mitología, así como el más arcaico dialecto del idioma húngaro, hablada actualmente por unas trece mil personas, principalmente en Moldavia y Rumanía. La religión e Iglesia Católica han sido factores de cohesión para sus comunidades que durante siglos han conservado su independencia de los rumanos ortodoxos de Moldavia, a pesar de la discriminación a que han sido sometidos y de los intentos de asimilación rumana. En 2001 la Comisión Permanente de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa declaró que los Csango de Moldavia hablan una variación temprana de la lengua húngara y han conservado tradiciones antiguas, un arte folklórico y una cultura popular diversa de valor y significado especial para Europa.


A partir de 1998 comienza en Hungría un proceso de popularización de la cultura Csango, estableciendo el gobierno un departamento de minorías húngaras del extranjero en el ministerio de cultura que financiaría festivales de música y folklore csango, para dar a conocer la cultura de dicha etnia, que si bien quedó marginada del proceso de construcción de la nación húngara, paradójicamente simbolizan los orígenes de la identidad nacional de Hungría.

En este marco favorable por parte de Hungría a la cultura Csango, se celebra desde 1990 en Jaszbereny, hermosa ciudad próxima a Budapest, el Csángó Festival, uno de los festivales folklóricos más populares de Europa Central, organizado por el grupo folklórico Jászság, festival que cuenta entre otras actividades con una espléndida feria de artesanía y espectáculos de música folk y de danzas folklóricas de diferentes países. En este festival denominado de las minorías, y al que están invitados representantes de todas las comunidades Csango, en su XXI edición, ha participado la Asociación Folklórica “Renacer” de Badajoz.


jueves, 9 de junio de 2011

Cristo de la Misericordia de Valverde de Leganés (II)

El Santísimo Cristo de la Misericordia de Valverde de Leganés ya descansa en su ermita, a la que siempre ha estado vinculado. Se trata de una modesta edificación del siglo XVI que sustituyó a otra del siglo XIII. En su fachada a dos aguas destaca su puerta adintelada; una inscripción nos da la bienvenida con el salmo 32. En su exterior también sobresale una torrecilla metálica que soporta la campana. Su interior consta de una nave con bóveda de cañón, para los fieles, separada por rejería de la cabecera, presbiterio y altar, con bóveda de crucería, presidido por el Cristo y custodiado éste por Nuestro Padre Jesús Nazareno y la Virgen de la Soledad, hermosas tallas de gran valor artístico que procesionan en Semana Santa por las calles de Valverde. A decir de Agustín Fernández Caballero (“Tras las huellas de un pueblo”) desde muy antiguo existió la Hermandad de la Vera Cruz y Santo Hospital de la Misericordia. La ermita del Santísimo Cristo de la Misericordia era la del Hospital de Sangre, recinto que se fundó anexo (hoy de propiedad particular utilizado como vivienda), y que en tiempo de contienda durante las guerras con Portugal recibía a los heridos (recordemos la situación estratégica de Valverde como villa fronteriza antes de la incorporación de Olivenza a la Corona española en 1801).


La obra de restauración del Cristo de la Misericordia, fue encargada con gran acierto por la hermandad a la restauradora gaditana Pilar Morillo Pérez, licenciada en Bellas Artes, que gracias a su perspicacia y tras vislumbrar que se trataba de una obra de imaginería ligera, no dudó en contar con la colaboración de Pablo Amador Marrero, investigador asociado al Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de Méjico, considerado uno de los mayores especialistas en imágenes construidas con caña de maíz. Un buen tándem que uniría restauración e investigación. Ambos visitaron Valverde de Leganés y en interesante conferencia dada en la Casa de la Cultura, nos explicarían tanto las características de la escultura ligera mexicana del siglo XVI como el proceso restaturador llevado a cabo en la imagen del querido Cristo valverdeño.


Imagen ligera constituida de materiales blandos donde se llegan a distinguir cañuela de maíz, diferentes tipos de papel (incluidos fragmentos de códices novohispanos: documentación pictográfica reciclada), tejidos, maderas (alma interior de los bazos) y maderas blandas como la de colorín (manos y pies). Sus particulares cualidades de ligereza son herederas de la producción escultórica española denominada comúnmente como papelones. Algunos elementos de su estética son relacionables con la imaginería tardogótica, muy próximo a lo medieval –especialmente en la cabeza y torso- . Las carnaciones corresponden con una intervención realizada posiblemente en el siglo XVII, mientras que del original apenas subyacen algunos restos en el paño de pureza.

El imprescindible conocimiento intrínseco de los materiales, tanto originales como añadidos, y el estado de conservación integral de la obra, requirió de un cuidado estudio científico interdisciplinario en el que se emplearon Rayos X, diferentes tipos de microscopía, entre ellas la Electrónica de barrido, cromatografías, identificación de fibras de soporte, videoscopia, etc.

Como resultado se constata el sistema de moldes utilizada para su ejecución de matriz primigenia, la cual se compone de dos partes principales, delantera y trasera, formada por pliegues de papel amate (indígena), cosido de las hormas, superposición de pasta de caña de maíz, caña descortezada, papel y pasta de madera, todo ello modelado. Es destacable la aparición de pliegos de papel correspondiente a la reutilización de documentos pictográficos a modo de dibujos (códices de época colonial). De igual forma se constató que la policromía que contemplamos es del siglo XVII, no conservándose material pictórico original en proporción necesaria para su recuperación, aunque sí lo suficiente para establecer un somero acercamiento a los modelos y formas desplegadas en dichos trabajos.

Su evaluación y análisis interdisciplinario ha servido para establecer las pautas de filiación de un hipotético taller que se ha dado en llamar del Maestro de los Crucificados de la Vía de la Plata, ya que tiene otros referentes cercanos en imágenes homónimas.



El Cristo de la Misericordia es un tesoro, arca depositaria de la espiritualidad de un pueblo, cofre que ha guardado y unido en su interior parte de la historia de América y de Extremadura y que ha conferido de universalidad a la villa de Valverde de Leganés.

lunes, 9 de mayo de 2011

Cristo de la Misericordia de Valverde de Leganés

Nuestra identidad, personal o comunal, la basamos en aspectos que nos singularizan, aspectos que permiten reconocernos desde fuera, aspectos que ayudan al discernimiento, a percibir la diferencia. En esa búsqueda de nuestra propia identidad que nos da seguridad, seguridad de pertenencia, hoy en día, una misma persona puede tener múltiples identidades, e incluso éstas, en la actualidad pueden fundamentarse en imperfecciones, que serán motivo no de turbación, sino de orgullo, siempre y cuando contribuyan a lo idiosincrásico y sirva de aglutinante para el grupo partícipe de tal o cual irregularidad. También, un hecho o acontecimiento singular, algo que se tiene como propio y de lo que los demás carecen, se convierte en símbolo de identidad, en icono o imagen de determinado grupo o localidad.




La localidad de Valverde de Leganés (Badajoz) cuenta con dos iconos que lo representan y que a su vez son epicentro de la vida espiritual del pueblo, reflejo de su piedad más profunda y manifestación de la religiosidad popular.

La Iglesia parroquial de San Bartolomé fue proyectada en el primer tercio del siglo XVI para ser una construcción de grandes proporciones, con planta de cruz latina y bóveda de crucería; pero la obra no se terminó como fue concebida, sino de forma más sencilla, aprovechándose como nave principal lo que iba a ser uno de los brazos de la cruz latina. Esta circunstancia histórica determina la peculiaridad del templo, cuyo aspecto a medio construir le confiere singular atractivo.





Tal vez para ese proyectado templo de grandes proporciones se encargó a Méjico un peculiar Cristo, de proporciones mayor al natural y con cabeza y brazos desproporcionados, con el fin de ser visto desde abajo, de tal manera que la perspectiva corrija el escorzo, y así las proporciones nos resulten armoniosas. O tal vez el fin del encargo de la singular cruz se debió para su uso devocional, en aquella época soportada por un único hermano, y es que la distingue su ligereza, al ser realizada con pasta de caña de maíz. Actualmente descansa en Iglesia Parroquial a la espera de que se arregle su ermita.


El Santísimo Cristo de la Misericordia, representado ya muerto, con los ojos cerrados y con ligero color cianótico, (cuya fiesta se celebra el 14 de septiembre, día de la Exaltación de la Santa Cruz), que ha llegado hasta nuestro días después de 400 años, gracias a la devoción ininterrumpida que por Él siente el pueblo de Valverde de Leganés, ha resultado ser una joya del arte novohispano del siglo XVI, fruto del sincretismo de la iconografía religiosa tardomedieval europea y las técnicas y materiales prehispánicas, así como de su imaginario, ya que teniendo la creencia de que Dios debía tener la piel blanca, así lo representaban, aunque no es así como después de cuatro siglos ha llegado hasta nuestros días. Una estupenda obra de investigación y restauración devuelve a Valverde el Cristo de la devoción pero también nos descubre la obra de arte, abriendo camino a la investigación de esa parte de nuestra historia. Gracias a los hermanos de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Misericordia de Valverde de Leganés por sus desvelos.

http://www.esteticas.unam.mx/exposiciones/imagen_recuperada

viernes, 6 de mayo de 2011

Bicentenario de La Batalla de La Albuera

Desde aquel 16 de mayo de 1811, cuando cuatro naciones, enfrentadas en dos bandos, se dieron cita entre los arroyos Chicapierna y Nogales, en aquel campo que Lord Byron calificó con el oxímoron glorioso/triste (“oh Albuera, glorius field of grief” - “oh Albuera, glorioso campo de aflicción”), desde aquel 16 de mayo, como digo, durante 200 años, se ha ido construyendo un entramado de celebraciones y conmemoraciones que a lo largo del tiempo ha ido cambiando de significado pero que constituye hoy en día un patrimonio cultural inmaterial, un patrimonio vivo que confiere a los actuales habitantes de La Albuera, como depositarios del mismo, un sentimiento de identidad y continuidad, puesto que se han apropiado de dicho patrimonio y lo re-crean constantemente en una batalla festiva, con una gran variedad de actos.




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