lunes, 4 de abril de 2011

Recuerdos del colegio General Navarro

Por su céntrica situación en el Badajoz intramuros, próximo a una de la primeras brechas de la muralla para abrir la ciudad a la coqueta avenida de Huelva, es paso obligado el colegio “General Navarro (y Alonso de Celada)” construcción emparentada con el aledaño edificio de correos, de peculiar estilo Primo de Rivera, de la época de aquella dictadura. Colegio de evocadores recuerdos que suscita tanto su vista, como la fragancia que en primavera desprenden los racimos malvas de flores perfumadas de la trepadora glicinia, que ya vieja se retuerce alrededor de la verja del muro que circunda el patio del colegio.

Para un niño de nueve años de principios de la década de los setenta, la floración de la glicinia suponía varias cosas, todas ellas buenas: presentía la llegada de las vacaciones de verano, que no quedaba demasiado lejos. Y por lo menos las de Semana Santa ya estaban ahí; de hecho la flor de pluma se utilizaba y utiliza para adornar algunos pasos procesionales. También el buen tiempo era propicio para dar algún garbeo a la salida del colegio en el turno de la mañana, para acercarnos por ejemplo, a ver como instalaban el circo en el baluarte de Santiago, en la memoria de Menacho. Poco antes de la entrada oficial de la primavera, tenía lugar la invitación de Don José, nuestro maestro, por el día de su onomástica: -“Sólo una cosa, pero que la queráis”, decía, y desfilábamos toda la clase camino del paseo de San Francisco donde en la esquina más próxima a la escuela instalaba su cesta/puesto de chucherías el portero del colegio y sobre la que nos íbamos agolpando uno a uno, y con premura y cierto nerviosismo íbamos eligiendo una cosa, sólo una, pero eso sí, la que quisiéramos independientemente de su precio: una bolsa grande de pipas, un paquete de chicles (los mejores los de marca bazooka)…de todo menos las “indecentes” y no recomendables estampas del programa de moda, “Un dos tres responda otra vez”, supongo que por sus azafatas con muchas gafas pero poca ropa, y es que el destape se abría paso en una España ambivalente, que presentía cambios de importancia, pero que se agarraba a la falsa seguridad de su pasado. Así por ejemplo, la pedagogía de Don José, hombre que parecía mayor y debía de serlo, era de madera y se llamaba palmeta, y bien puedo asegurar que no estaba llena de polvo. El bueno de Don Domingo, el curso anterior, casualmente se encontró con una, palmeta me refiero, ésta sí llena de polvo; le hizo gracia el encuentro y la devolvió a su lugar de reposo, para jolgorio de los alumnos, siempre deseosos de romper el silencio y la compostura de la clase. Recuerdo sin embargo la ocasión en que le dije al maestro de prácticas que no encontraba el verbo de aquella oración (¡un verbo tan pequeño –tercera persona del singular del verbo ser- en aquella frase tan grande!), y rápidamente fue a decírselo a Don José (¡que chivato!) que estuvo presto a abrir el cajón y sacar su lustrosa palmeta; con la didáctica de la “letra con sangre entra” bien aprendí los verbos copulativos. También la utilizaba en otras ocasiones más injustas: había que procurar no llevarle la libreta para que te la corrigiera en el turno de tarde, a esa horilla tonta de la siesta, en la que Morfeo se apoderaba de él y empezaba a garabatear con su lápiz el cuaderno; varias cosas podías hacer en ese momento: tener la sangre fría de reaccionar a tiempo y recoger el cuaderno, cosa que sólo se atrevían a hacer los repetidores ya mayorcetes, o admitir cuando se despertase que los garabatos eran tuyos, pues decir la verdad … ya nos imaginamos lo que suponía.

Hace dos años se celebró el 80 aniversario (1929-2009) de la apertura de las escuelas con varios actos entre los que destacó una exposición en el patio de columnas de la diputación. Pues bien, ahora son un grupo de alumnos en el cuadragésimo aniversario de su escolarización, para comenzar, con seis años, lo que se denominaba 1º de EGB (Educación General Básica), los que desean reunirse para recordar éstas y otras anécdotas de alumnos y profesores, algunos tan insignes como Don Jesús Delgado Valhondo o Don Gregorio Villar. Yo compartí con estos alumnos 3º y 4º de EGB. Esta iniciativa está capitaneada por el amigo Alegre, de todos conocidos porque regenta la veterana juguetería de Badajoz “Comercial Alegre”, antes en Meléndez Valdés y actualmente ubicada en Juan Sebastián Elcano. Esperemos participar en este acto el mayor número posible de antiguos alumnos para compartir y rememorar aquellas situaciones que recordamos con cierta complacencia.


jueves, 24 de marzo de 2011

Patear Cuenca



Disfrutar Cuenca, es andar Cuenca, patearla con tranquilidad, con sosiego, gozar de eso, de fundirse uno con el paisaje, con la naturaleza, al igual que la vieja ciudad se funde en colores tierra con las hoces de dos ríos en abrazo íntimo, asomándose la antigua urbe a los precipicios del estrecho recinto que forma la desembocadura del Huécar en el Júcar, donde las coloreadas construcciones se elevan en estrecha verticalidad haciéndose sitio unas apretujadas contra otras.


Penetramos en tierras conquenses por el Oeste, recordando las coplas de pie quebrado de Jorge Manrique a la muerte de su padre Don Rodrigo, proclamado Gran Maestre de la Orden de Santiago en la villa de Uclés, a cuyo encuentro vamos, población de apenas cuatrocientos habitantes, dominada por su formidable monasterio en el que se aprecian los estilos plateresco, herreriano y churrigueresco.


Paseamos por sus calles, subimos al castillo, echamos un trago en la fuente de los cinco caños, tras pasar por la puerta del mismo nombre y reponemos fuerzas en un mesón de la plaza; empezamos a barruntar que la humilde gastronomía conquense, de tradición pastoril y montaraz, no será lo que más nos va a “encartar” de esta tierra encantadora y encantada.


Ya en la ciudad, sorprende su orografía y cómo la urbe tradicional se acomoda a ella, no transformando la naturaleza sino adaptándose en armonioso maridamiento. Es recomendable patear Cuenca, y dejarse llevar por el ascetismo de esta ciudad que tiene algo de monasterio, caminar por el paseo del Huécar hasta el parador, antiguo convento de San Pablo, cruzar el puente metálico del mismo nombre , conteniendo el vértigo, hasta llegar a la estatua del pastor, donde empezaremos a saborear las leyendas de la ciudad, leyendas prototípicas como la del Cristo del Pasadizo que seguro hemos escuchado en otros lugares con otros protagonistas, o la leyenda re-fundacional de la ciudad donde un pastor mezcla con su rebaño a los soldados cristianos disfrazados con pieles de ovejas para poder entrar en la ciudad y abrir sus puertas, leyenda que nos retrotrae a Homero, al caballo de Troya de la Ilíada, o a la Odisea, donde Ulises y sus compañeros consiguen escapar del cíclope ocultándose bajo pellizas de ovejas.


Partiendo de la estatua del pastor, a los pies de las casas colgadas, en nuestro caminar ascético tomaremos la senda de Federico Muelas, el poeta local que con nostalgia nos canta “Cuenca cierta y soñada en cielo y río”. La ruta nos sube al barrio del castillo. Y desde allí podremos contemplar ambas hoces, la del Huécar y la del Júcar, al que descenderemos, hasta tocar sus verdes aguas, por la bajada de las Angustias, y serpenteando en nuestro caminar junto al río llegaremos hasta la unión de ambos, dónde se desparraman los populares barrios de San Antón, el Salvador y Tiradores.


Mucho más nos dejaremos atrás en este encuentro con Cuenca; otra vez será. Pero en esta ocasión, no podemos dejar de volver a gozar de los mismos sitios, los mismos lugares a otras horas del día, con otra luz, con otro misterio.

Tampoco podemos dejar para otra ocasión una escapada por la serranía: por la Ciudad Encantada, cuyo encantamiento aumenta gracias a las últimas nevadas del invierno; por el nacimiento del río Cuervo, donde esas mismas nevadas nos dificultará la marcha; por el nacimiento del río Júcar, cuyo salto a la altura del molino de la Chorrera nos dejará un buen rato contemplativos; para terminar en el impresionante mirador del ventano del diablo, sobre el cañón del Júcar.

Abandonando Cuenca por el SO, tropezamos con La Mancha más típica, la hidalga , quijotesca e idealista en Belmonte, villa de película y escenario de películas, y en Mota del Cuervo, la trabajadora, ingeniosa, sanchista, realista y práctica, dónde el viento que nos tumba, es atrapado por los molinos para ayudar al hombre en su trabajo.


viernes, 18 de febrero de 2011

"Ave María Purísima..."

Una pequeña comunidad de monjas carmelitas con vocación contemplativa, monástica y claustral, moran entre las paredes del Monasterio de Nuestra Señora de los Ángeles de Badajoz. Su historia se remonta al siglo XVIII cuando el obispo Malaguilla logra que las devotas, que no seguían ninguna regla determinada, del Beaterio allí ubicado, denominado de Nuestra Señora de los Ángeles o de San Antonio de Padua, adoptaran las reglas de las Religiosas Carmelitas Descalzas de la reforma de Santa Teresa. Bajo la supervisión de Malaguilla, su benefactor, se construye el convento y se amplía la capilla, considerada ésta el mejor conjunto tardo-barroco conservado en Badajoz, iglesia especialmente visitada y de forma masiva por los pacenses, en la mañana del Viernes Santo, gracias a la costumbre que aún perdura de visitar los siete Monumentos donde se expone a Jesús Sacramentado tras los oficios del Jueves Santo.

La misión de este grupo de mujeres es la oración por la Iglesia; su estilo de vida, comprometerse de por vida a un monasterio, enclaustradas, lo que favorece el ascetismo y la contemplación (“Verbi Sponsa”). La observancia de la Ley de la clausura papal obliga a una separación efectiva y no sólo simbólica del espacio, el reservado a las monjas del de los fieles y visitantes; la salida del claustro será por “causa justa y grave”; y los medios modernos de comunicación se consentirán con “prudente discernimiento y para utilidad común”.

En esa sencilla cotidianidad viven, con cristiana alegría, las monjas carmelitas de la calle López Prudencio, popularmente conocidas en Badajoz por el “pan de ángel” o los recortes, procedentes de las planchas de oblea una vez separadas las hostias.

Esa cotidianidad se rompe en ocasiones excepcionales, como cuando reciben visitas inusuales. En esta ocasión la visita es de un grupo de entusiastas y amantes del folklore de Extremadura, de sus costumbres y de sus bailes, del que me enorgullece ser su monitor, y que ofrecerán a las hermanas un nutrido repertorio de bailes de la región. Entramos por el vestíbulo del torno y accedemos al locutorio, doble estancia separada por rejas a través de las cuales las carmelitas verán nuestra actuación. Al terminar ésta nos obsequian con zumos y galletas. Gracias a su hospitalidad visitamos la capilla a la que entramos por la sacristía que también cuenta con un pequeño torno. Ya en ese cofre barroco que es la capilla, del lado del evangelio observamos las rejas que dan al coro bajo, desde donde las monjas asisten a los oficios divinos y a través de las cuales nos siguen en nuestra visita. Nos interesamos por la rigidez de la clausura y comentándonos como las normas se adaptan a los nuevos tiempos, una hermana nos enseña el antiguo comulgadero, trampilla o portezuela al lado del retablo mayor, a la altura de la cabeza, por donde asomaban la carita para recibir la comunión. Se despiden deseando que el Señor nos devuelva el ciento por uno. Gracias hermanas.

viernes, 11 de febrero de 2011

Imágenes de Segovia: entre historias, mitos y leyendas

Segovia desde su Alcázar

Se yergue el Alcázar sobre una roca labrada por los ríos Eresma y Clamores. Desde la torre de Juan II, espléndido ejemplo de arquitectura gótica civil, se observa una espectacular vista de la ciudad de Segovia, sobresaliendo su catedral, por su elegancia denominada la Dama de las Catedrales. Y como telón de fondo, La Mujer Muerta, monte de la Sierra de Guadarrama, con forma de mujer tumbada con los brazos entrecruzados y cubierta por un velo: “/…/se alza al lado de Los siete picos la mole extraña llamada de La mujer muerta, tumba ciclópea de la inocente joven que así perdió la vida a manos del que amó” (Mario Roso de Luna. Del Árbol de las Hespérides. Cuentos teosóficos españoles)


Acueducto romano

Podemos contemplar en los sillares las marcas de las uñas del diablo, pues según la leyenda segoviana, es obra de éste, a quién una joven aguadora, cansada de su tarea diaria, le ofreció su alma, si la aliviaba de su trabajo.


Iglesia de San Martín: destaca la torre de estilo románico-mudéjar y el pórtico característico del románico segoviano.

El románico…

un espacio celeste en la tierra.


La Granja de San Ildefonso

En el centro de la plaza de las ocho calles, René Fremin, representa el instante en que Mercurio eleva a Psiqué, el alma, hacia el cielo para que se despose con Cupido, el amor; a sus pies, Céfiro, suave viento, soplando, les ayuda a subir al Olimpo. (Apuleyo. El Asno de Oro o La Metamorfosis)



Zamarriega con traje de alcaldesa – Zamarramala

Religiosidad popular y culto a la maternidad se entremezclan en esta fiesta de las mujeres casadas adscrita a la fiesta de Santa Águeda (5 de febrero, dos días después de la Candelaria y uno después de San Blas); por su martirio, patrona de las lactantes. El día de Santa Águeda es cuando se elige alcaldesa a una mujer en Zamarramala (Luis Maldonado. Religiosidad Popular: nostalgia de lo mágico)



San Frutos – Hoces del Duratón

San Frutos, eremita del último período visigótico, patrón de la diócesis de Segovia, se retiró a meditar a ese misterioso y hermoso lugar que son las Hoces del Duratón, donde según la tradición realizó entre otros, el milagro de La Cuchillada, cuando con su cayado creó una hendidura en la roca para librar de los moros a un despavorido grupo de cristianos que de ellos venían huyendo.


Castillo de Cuéllar

“Todo era misterio en el castillo, y todo era misterio cuanto acerca de él se hablaba en sus cercanías. Hoy mismo al mostrar sus almenadas torres al caminante, y sus muros cubiertos de musgo donde asoma ahora el pintado lagarto su fea cabeza, o corre la rápida lagartija entre derribadas piedras, vestido el suelo de hierba y vil cascajo, el paisano, cuando refiere las tradiciones de este castillo, habla todavía con misterio de aquella época sembrando su relación de fábulas y milagros” (José de Espronceda. Sancho Saldaña o El Castellano de Cuéllar)



Castillo de Coca

Hermosa muestra de la arquitectura militar gótico-mudéjar, “relicario de epopeyas y cantares de gesta, palacio-fortaleza, doble cordón almenado, acabado y empezado por castellanos y moriscos alarifes” (Dotor y Municio).

miércoles, 2 de febrero de 2011

Guadalupe






















Guadalupe… vocación y llamada, júbilo y gozo, tradición y carácter, devoción y piedad, peregrinación y camino, hospitalidad y acogida, patrimonio y artesanía, calderería y cestería, cocina y hogar, naturaleza agreste y abrupta, serranía y angostura, agua y nieve, sencillez y grandiosidad, mercado y posada, vida e historia, cultura y sabiduría, huerto y vergel, villa y monasterio, particularidad y universalidad, cofre y joya, al mismo tiempo y mucho más…





Hay quienes tenemos vocación por Guadalupe, y en ocasiones sentimos la atrayente llamada que nos hace tomar el camino de las Villuercas. Penetramos en la Puebla por el sur, por las angosturas del recién nacido río Guadalupejo y nos sigue sorprendiendo esa obra colosal del franquismo que es el viaducto del ferrocarril; también nos provoca desazón el pensar que por allí el tren nunca pasó. A través de sus ojos se nos presenta la sierra de las Villuercas; el hecho de que en esta época esté nevada, nos seduce, y como un imán hace que sintamos deseos de adentrarnos en ella. Pero primero, y tras saludar a La Morenita, haremos parada y fonda, refrigerio a base de morcilla y bacalao rebozado, todo bien regado con vino de pitarra, y de postre un buen trozo de rosca de muédago. Pregunto al mesonero sobre la subida al pico de las Villuercas y nos anima a intentarlo, a pesar de la estrechez y mal estado de la pista que conforme asciende se vuelve resbaladiza por el hielo. Pero allí nos encaminamos, pues los inconvenientes son al mismo tiempo los alicientes. Y tras visitar la Ermita del Humilladero ascendemos los 1600 metros en ese irrefrenable deseo de tocar la blanca cima, cuyo último tramo disfrutamos andando envueltos en una tenue y mágica nevada.




miércoles, 26 de enero de 2011

Acetre, 35º Aniversario

Con motivo del 35 aniversario de su fundación (1976), o más bien como excusa, el grupo de música de raíz o folk bilingüe, como le gusta definirse, Acetre, ha realizado sendos conciertos en las salas más emblemáticas de Extremadura: el Gran Teatro de Cáceres y el Teatro López de Ayala de Badajoz (concierto al que asistí en un aforo abarrotado y entusiasmado). Si bien, en su actuación realizó algunos guiños a su trayectoria más pasada, cuando el grupo aún no se había quitado el pelo de la dehesa, tiempos donde primaba la polifonía sobre los arreglos musicales, deleitándonos (sobre todos a sus seguidores de toda la vida) con temas de los vinilos “Extremadura en la Frontera” (título que fue toda una manifestación programática de lo que sería su camino), “Ramapalla” y “De Maltesería”, para lo que contó con la colaboración de un antiguo componente del grupo, en realidad la gala de Acetre se pudo considerar más bien una pre-presentación del CD que saldrá a la luz en primavera, adelantándonos varios de sus nuevos trabajos, oídos los cuales algunos ya estamos ansiosos de adquirir. Pero sobre todo, la mayor parte de los temas interpretados en una brillante actuación, que para gozo de los asistentes tuvo una duración de más de dos horas y aún así se nos hizo corta, provenían de los compactos “Dehesario”, “Barrunto” y “Canto de Gamusinos”, obras cumbre de Acetre, donde su director, se consagra no sólo como intérprete creativo sino también como gran compositor, habiendo tenido la virtud de haber hecho que la música tradicional sea en la actualidad verdaderamente popular, siendo estupendamente acogida por todo tipo de público, lo que es un mérito digno de agradecer por los que amamos el folklore y por los que hemos luchado por dignificar este mundo y por darlo a conocer, como también es digno de agradecer su labor investigadora, como la que llevó a cabo en el seno del grupo de investigación G.I.F.O., que valientemente echó luz, puso de relieve y descubrió matices del folklore oliventino, hasta entonces excesivamente españolista y que había olvidado sus raíces lusas. En ese marco nació el grupo folklórico “La Badana”, auténtico grupo etnográfico, que aunque ya no exista fue un aliciente para otros grupos que clamaban un nuevo folklore de inspiración costumbrista, auténtico y sencillo, que trasmitiera no uniformidad sino diversidad y sobre que no estuviera al servicio de ninguna autoridad externa. Su labor y su acogida han convertido a Acetre en referente y emblema de la música folk de Extremadura. Gracias de nuevo y felicidades.




El Guadiana y La Luna, fuentes de inspiración

jueves, 20 de enero de 2011

Fronteira: Caminhos de Ferro

Abundan en las zonas rurales de Portugal las estaciones de trenes como las de Fronteira, adornadas con paneles de azulejos, como abundan éstos en todo el territorio, siendo uno de los mayores patrimonios culturales del país, convirtiéndose en un icono nacional. El azulejo ha asumido un papel importante en la arquitectura ferroviaria lusa, confiriendo personalidad al sencillo edificio y dando a conocer al viajero recién llegado aspectos importantes de la cultura, la historia y la forma de vida local. Los paneles de azulejos de la abandonada estación de trenes de Fronteira, que encarnan escenas de la vida rural alentejana en el primer tercio del siglo XX, son representaciones realistas de fuerte sentido escénico que llegan a conmovernos. Nada trasmite el edificio por sí mismo y azulejos como éstos saturan los rincones portugueses, pero en este espacio, continente y contenido están en perfecta armonía y nos trasmiten musicalidad.

Al estado de abandono contribuye sin duda la falta de funcionalidad, es decir, el hecho de que no se utilice como estación de trenes al no pasar ya el ferrocarril por esta zona y que no se haya recuperado para otros usos como acertadamente ha ocurrido con otras estaciones de la zona. La cantidad de obras de estas características también parece contribuir a no valorar su cualidad. No quiero pensar que el hecho de haber sido construidos durante el período de dictadura del Estado Novo, dónde el azulejo de las estaciones asumió la función de trasmitir los valores del estado, una vida campesina idílica y un nacionalismo basado en el uso y abuso del folklore (de tal forma que el término llega a ser peyorativo) haya ayudado también a cierto abandono. Espero que el camino a la modernidad no destruya el espíritu portugués tan apegado a sus tradiciones que tan bien han sabido conservar, recuperar y trasmitir hasta este momento.