miércoles, 27 de octubre de 2010

París: Cementerio Pere Lachaise

Con sorpresa reaccionaron mis queridos compañeros de viaje cuando les trasmití mi deseo de “perder” unas horas de nuestra corta estancia en París para realizar una visita al cementerio Pere Lachaise. Tal vez la propuesta no debiera sorprender tanto hoy en día, tan de moda como se está poniendo el turismo necrológico. Aunque éste es un motivo para mí nada desdeñable, me refiero al turismo necrológico, le sumo a que en mis visitas turísticas siempre procuro realizar alguna “ruta alternativa” o curiosa (aunque “todo está ya inventado”, no nos engañemos). Pero mi antojo estaba justificado, como buen pacense aunque de adopción, por mi deseo de visitar la tumba de Manuel Godoy, antes del traslado de sus restos a su ciudad natal, Badajoz, como es la aspiración de muchos de sus paisanos. Al fin y al cabo, en parte a él le debo haber podido nacer en esa hermosa villa que es Olivenza, y que Godoy incorpora al territorio español en 1801 tras la Guerra de las Naranjas y la firma del Tratado de Badajoz. Pero ésta, la de Manuel Godoy, es otra historia que merece entrada aparte.

Si sorprendente fue la propuesta, sorprendente fue el Pere Lachaise. A nadie deja indiferente: por su monumentalidad, por las celebridades que allí reposan, por la historia que contiene, por los mitos que genera… Un paseo por sus calles invita a la reflexión sobre el misterio de la muerte. La sepultura de Oscar Wilde es de las más rompedoras con el entorno, desde luego no es la más atractiva, aunque llama la atención las inscripciones impresas sobre la blanca piedra, sobre todo los besos de carmín y los corazones, y es que como citaba el ingenioso dramaturgo el misterio del amor es mayor que el misterio de la muerte.

lunes, 25 de octubre de 2010

Santos y Difuntos



Durante los días 1 y 2 de noviembre el mundo católico celebra el Día de todos los Santos, así como el anverso de la misma moneda, la Conmemoración de los Fieles Difuntos, es decir, de aquellos que habiendo muerto, aún no han alcanzado la Visión Beatífica. Sorprende la variedad de tradiciones, costumbres y rituales que han arraigado en las distintas sociedades para dar culto a los muertos o festejar algún día especialmente a ellos dedicado, de lo que se deduce la creencia universal en una vida más allá de la muerte, creencia que se exterioriza en multitud de manifestaciones culturales y artísticas. En estas fechas los cementerios (del griego Koimetérion, dormitorio) se adornan profusamente a base de flores, ofrendas que se han depositado sobre los cadáveres desde el origen de la humanidad (se han encontrado enterramientos de Neandertales cubiertos de flores deliberadamente ordenadas encima de los cadáveres).

Pasear por los cementerios nos produce un cúmulo de extrañas y ambivalentes sensaciones, así como de cierto desasosiego espiritual, ya que nos es inevitable pensar, aunque sea en lo más profundo de nuestra conciencia, sobre nuestro propio sentido de la vida, y realizarnos esas preguntas universales y recurrentes, tal ver porque nunca hallamos respuesta: quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos.

A mí personalmente, a pesar de ese sabor acre, por desabrido y desazonador que me produce pasear por el lugar donde terminan los cuerpos de las personas que nos han precedido, cuerpos con los que se han comunicado y con los que han amado, me gusta visitar y observar los cementerios de los lugares por los que paso, por múltiples motivos: primero, porque según se dice sobre gustos no hay nada escrito, aunque alguno dirá que nada más y nada menos que la Historia del Arte; en efecto muchos cementerios son en sí mismo arte (jardinería, arquitectura, escultura…), algunos declarados patrimonio de la humanidad, y otros contienen monumentos funerarios dignos de contemplar, que siempre nos llevan y elevan más allá de la propia piedra. Segundo porque los cementerios nos hablan sobre las gentes que los construye, así como de su historia (epidemias, guerras, personajes ilustres…). Tercero porque alrededor de ellos se entretejen multitud de leyendas, el otro aspecto de la cultura inmaterial que a nadie nos deja impasible.

Por todos estos motivos, especial mención merece el cementerio Pere Lachaise de París, de visita obligada si viajáis a la capital francesa y que merece otra entrada en este blog. Pero cualquier cementerio, hasta el más cercano a nuestra casa es digno de ser observado, así como de analizar todas las expresiones funerarias que contiene, y por supuesto meditar y sacar nuestras propias conclusiones sobre la sociedad en la que vivimos.

Ilustro esta entrada con imágenes del cementerio más cercano que tengo, el cementerio viejo de Badajoz, llamado de San Juan, que por su antigüedad tiene ya ese aspecto de cementerio romántico que lo hace tan atractivo. Una de las imágenes corresponde a Reinerio Marcos, joven estudiante de Minas, cuya madre mandó construir un panteón bien alto, para poder verlo desde su casa en la calle San Juan.




miércoles, 15 de septiembre de 2010

Lisboa: qué no perderse

Si vamos con niños o queremos disfrutar como un niño y tenemos tiempo, sin ser el mejor del mundo, el oceanario del Pabellón de los Océanos es parada obligatoria, causando gran expectación la nutria marina.


En el barrio de Alfama, donde patearemos sus calles, montaremos en tranvía y nos refrescaremos en un velador de alguno de sus miradores, no podemos perdernos Santa Engracia (panteón nacional donde no encontraremos ni un hueso, sino cenotafios de portugueses ilustres), San Vicente da fora (donde sí reposan algunos miembros de la Casa de Braganza) mereciendo la pena la visita de este monasterio, así como la de la catedral o Se.





















En la Baixa no pude faltar un recorrido desde la plaza del Comercio hasta la de los Restauradores, pasando por la del Rossio y la de Figueira; contemplaremos la estación central del Rossio de estilo neogótico manuelino y por supuesto subiremos al Barrio Alto en el elevador de Santa Justa, donde los encargados del ascensor contarán con parsimonia a las personas que entran en la cabina una y hasta varias veces para asegurarse de no superar el tope permitido, lo que contribuirá a aumentar las colas.


En el Barrio Alto pasaremos por la iglesia del Carmen, testigo del terremoto de 1755, entraremos en la iglesia museo de San Roque y nos asomaremos al mirador de San Pedro de Alcántara. En Estrela visitaremos la basílica y el Palacio de San Bento (sede del parlamento portugués).
























Las largas distancias que hay que recorrer en Belén para ir desde el monasterio de los Jerónimos a la torre de Belén pasando por el Monumento a los Descubrimientos, nos dejarán agotados, pero siempre podremos refrescarnos, si visitamos Lisboa en verano, en alguna de sus playas, de frías aguas pero divertidas por las olas (siempre respetando las banderas, pues pueden ser peligrosas), propicias para a práctica del surf, como las de Caparica, donde llegaremos tras atravesar el puente 25 de abril.












Aunque el encanto de Lisboa sea ese aire decadente y melancólico con sabor a antiguo de casas rotas y ropas tendidas, no le faltan edificios que sorprenden por su modernidad, como la plaza de toros de Campo Pequeño, que aunque de fachada neomudéjar, esconde en sus entrañas bajo la arena un moderno y espléndido centro comercial.



Lisboa, ciudad con vistas II

Muchos son los lugares que encontraremos en Lisboa para contemplarla a vista de pájaro: el teleférico de la expo, San Vicente da fora, los miradouros de Graça y Santa Lucía, el Largo das Portas do Sol, el castillo de San Jorge, el elevador de Santa Justa, el miradouro de San Pedro de Alcántara, el Monumento a los Descubrimientos, el Cristo Rey... y otros tantos que nos brindarán por un precio nada módico, como la cúpula de la basílica de la Estrela. Todos ellos nos ofrecerán magníficas panorámicas de la ciudad. Merece la pena subir al miradouro da Graça por su popular encanto y al elevador de Santa Justa por sus espléndidas vistas; este anacrónico y encantador ascensor nos trasladará en el tiempo a principios del siglo XX.


martes, 14 de septiembre de 2010

Lisboa, ciudad con vistas

Percepciones de Lisboa como éstas son las que quedan grabadas en el imaginario del viajero: la modernidad del Parque de las Naciones, del Puente Vasco de Gama o de la plaza de toros de Campo Pequeño, contrastando con la vetustez de Alfama, que con sus calles tortuosas es la antítesis de la lineal y cuadriculada Baixa; un icono de Lisboa es sin duda su peculiar tranvía, objetivo de la cámara del turista, que por otro lado resulta muy útil para salvar los desniveles de las empinadas calles asentadas sobre las siete colinas que miran al estuario del Tajo; también los elevadores cumplirán bien esa función, como el de Santa Justa que desde la Baixa nos subirá al Barrio Alto y a Estrela; tal vez el barrio más conocido de Lisboa sea Belén con su torre emblema de la ciudad, el monasterio de los Jerónimos y el Monumento a los Descubrimientos; en este barrio haremos parada obligada en Pasteis de Belén cuyo exuberante aroma a canela nos transportará al pasado colonial portugués. De sus gentes nos llevaremos su amabilidad y buena educación, compostura que nunca perderán ni para hacernos ni para negarnos un favor, todo con paciente y metódica parsimonia. Pero Lisboa es, sobre todo, gracias a su orografía y monumentos, una ciudad con vistas: Lisboa nos ofrece múltiples miradouros y elevaciones desde donde poder contemplarla y especialmente encantadora se nos mostrará cuando el sol a su caída la inunda de suave y dorada calidez .

viernes, 13 de agosto de 2010

"Gorriones"


La Asociación Malagueña de Fotógrafos Amateur (A.M.FA.) ha organizado una exposición de fotografías en el Voer Kafé ubicado en el barrio malagueño de Huelin. Las veinticuatro fotografías objeto de la exposición son las seleccionadas por AMFA de entre más de dos mil cuatrocientas presentadas al Concurso de Paisaje, Flora y Fauna, organizado por la mencionada asociación. El alto nivel de los fotógrafos malagueños y de los vinculados a dicha asociación ha debido de ser el motivo de que la mayoría de los premios se hayan quedado “en casa”. Una de las fotografías expuesta, “Gorriones”, es obra mía. La muestro para que la disfrutéis. Espero que os guste. A los organizadores parece que les gustó más tumbada, como podéis apreciar; y es que de ver tantísimas fotografías estarían mareados. No obstante se agradece el trabajo y el esfuerzo realizado por AMFA, en la organización de este y otros concursos, como el de “Foto Solidaria”. ¡Saludos muchachos y adelante!





viernes, 23 de julio de 2010

Juan Fernández Parra: Semblante

Juan Fernández Parra cumplió 90 años el pasado 12 de julio de 2010, aunque en el registro conste como fecha de nacimiento el día 14, retraso en la inscripción que él atribuye a los efectos del alcohol, a los causados en su padre por la celebración del nuevo nacimiento o en el Secretario del Ayuntamiento de Valverde de Leganés, quien era asiduo del pitarra. Si como reza el titular del periódico Hoy en la entrevista que le realizaron el 3 de septiembre de 2007, “80 años no son nada”, ya podemos afirmar que 90 años no son nada, si eso significa que Juan conserva el espíritu joven y optimista del que siempre ha hecho gala y ha trasmitido, de lo que podemos dar fe. En la mencionada entrevista cuenta sus pinitos en el escenario: “Cumpliendo a rajatabla el refrán de 'nunca es tarde si la dicha es buena,' comenzó hace dos años a hacer teatro con el programa organizado por el Área de Mayores del Ayuntamiento de Badajoz. «Siempre tuve la ilusión por el teatro toda mi vida, y hasta ahora no se me ha presentado una oportunidad», comienza Juan a narrar su aventura con el escenario. De galán o de sereno, memorizar los papeles no es un problema para él, a pesar de ser el mayor del grupo. «Los demás son más jóvenes y tardan más en aprenderse los papeles y luego se equivocan. La verdad es que yo le echo mucho trabajo»”. Su culmen con el teatro llega con su obra “Vidas Diferentes”, estrenada en la Institución Ferial de Badajoz (IFEBA) en febrero de 2008, a cargo del grupo de teatro Bretón. También ha escrito un libro autobiográfico, “Esta es mi vida” cuya maquetación y primera edición la realizó su hijo Jerónimo, y que cuenta ya con una segunda edición corregida y aumentada realizada por su hijo Juan. En esta obra hace un repaso de su vida, llena de anécdotas familiares, dramáticas algunas, otras sentimentales, algunas burlonas y llenas de humor; historia de vida que incardina, en los acontecimientos históricos, políticos y sociales de una España que se remonta a Miguel Primo de Rivera, pasando por la proclamación de la República, la Guerra Civil, la postguerra, viviendo en primera persona el bandolerismo del maquis en el Pirineo leridano y el contrabando de café en la frontera portuguesa con Badajoz, pasando por el aperturismo de Fraga a quién conoció en Puebla de Alcocer siendo Ministro de Información y Turismo, quien pretendía un parador en el castillo y con quién coincidió también en Albacete en su visita como Ministro de la Gobernación, así hasta llegar a la democracia que coincidió con su jubilación y su jubileo. Y es que su alma es la de un artista que además disfruta con el baile y desde luego con la pintura. Y es que como dice este otro artículo del periódico Hoy, El arte sienta mejor a los 90: “La Universidad Popular de Badajoz (UPB), lugar por excelencia para aprender toda la vida, echa el cierre estival con una de las actividades más populares que organiza esta institución: la exposición que recoge los trabajos de los alumnos que han asistido este curso a dichos talleres. Entre los participantes hay personas de todas las edades, pero Juan Fernández Parra es el mejor ejemplo de que el arte y la formación no tienen edad. A punto de cumplir 90 años, es el estudiante más mayor de esta Universidad. Por este motivo, ayer durante la inauguración oficial de la muestra, que se podrá visitar hasta el próximo viernes día 21 en el Museo de la Ciudad 'Luis de Morales', recibió un homenaje como reconocimiento a su entereza y buena disposición. Para él acceder al taller de pintura que oferta este organismo académico fue un salvavidas y una segunda oportunidad. Cuenta que cuando enviudó se quedó vacío, y las actividades de la Universidad Popular le han devuelto la ilusión. «Hago gimnasia, teatro, pinto y voy a baile dos días a la semana. Mientras el cuerpo aguante, aquí estaré», dice Juan Fernández. Indica que el secreto para mantenerse tan activo es ponerle ganas. «Las energías las saco de la buena voluntad», destaca tras afirmar que el acto conmemorativo es una gran satisfacción para él”. No podemos cerrar este semblante sin mencionar la dimensión humana y religiosa de este hombre, viajero infatigable por el mundo y por la vida, durante los últimos 90 años.